
Lejano, muy lejano se veía el momento cuando el Murci Rojas metió el zapatazo a 8 minutos del final del partido contra Iquique en esa infartante última fecha del Campeonato de 1998 (de no ser por ese gol el equipo chico hubiera sido campeón de un torneo largamente liderado por nosotros). El plantel era generoso en figuras, las que encabezadas por su técnico fueron emigrando. La directiva de entonces no sólo no trajo reemplazos a la altura, sino que se dedicó a comprar malo y caro? demasiado caro. Con ese modelo de gestión sólo nos podía ir mal, y así no más fue: en enero del 2002 fue declarada la quiebra del Cacique.
Con eso se puso fin al despilfarro irracional de recursos y la comunidad alba en su conjunto debió hacer frente a la dura realidad que enfrentábamos. Esto significó el fin de los técnicos extranjeros traídos en helicópteros para la Noche Alba, se acabaron los sueldos y contrataciones millonarias, el plantel se conformó casi totalmente con jugadores de la cantera, se debió realizar una ?Colotón? para recaudar fondos, y los hinchas, sin importar el panorama futbolístico que nos propusieran, volvimos al estadio sólo para apoyar a nuestra querida institución.
Así, el 17 de febrero iniciamos el Apertura 2002 con más de 20 mil personas en el Monumental para ver cómo le ganábamos 4 a 1 a Coquimbo Unido. Ya en marzo rompimos la maldición de Calama y luego de más de 20 años le ganamos a Cobreloa en su cancha 2 a 0 con goles de Ignacio Quinteros. El campeonato siguió avanzando y el grupo de jóvenes liderado por Espina y Barticciotto y con gran sentido de la camiseta fueron al Nacional a darle un toque a las madres por 3 a 0 con gran actuación de Huaquipán. Ese Colo-Colo conformado por colocolinos terminó primero en la fase regular y en los play off volvió a Calama a repetir la gracia: un inobjetable 5 a 2.
Llegamos a la semifinal pensando más en el título que podíamos conseguir a la semana siguiente contra la Católica que en dejar en el camino a Rangers, lo que nos costó la eliminación del torneo. Más allá del dolor y la impotencia sentida por el gran campeonato realizado (sobre todo en vista de las expectativas que se tenían), la familia colocolina terminó orgullosa por la demostración de inmortalidad de la institución.
El Clausura, en cambio, fue distinto. Terminamos octavos en la fase regular y al menos hasta el entretiempo del primer partido de los play off contra la Unión Española Colo-Colo era una sombra de lo había sido en la primera mitad del año. Pero en el segundo tiempo de ese partido, el equipo se puso serio y con un gol de Espina y dos de Neira (a 53?, 80? y 84?, respectivamente) dio vuelta el partido y empezó a agarrar el ritmo que lo llevó a enfrentar a Católica en la final. 2 a 0 ganamos el primer partido en nuestro estadio y 3 a 2 en la multicancha del Nacional.
Ese 2002 demostramos que ni una quiebra puede con nuestra tradición de Campeón, pero por sobre todo dejamos en claro que cuando nuestros jugadores sienten la camiseta alba pueden pasarle por arriba a cualquiera. Tengo fe en que en este Apertura la cosa puede ser similar. Es cierto, este año no hemos estado a nuestra altura, pero si nuestros jugadores toman conciencia de lo que significa estar en Colo-Colo el penta es nuestro.
Si lo hicimos el 2002, con mayor razón deberíamos hacerlo ahora. No hay espacios para excusas en contrario.
¡Vamos Cacique!
vía Twitter



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